El yo del espacio

el yo

Soy el sintiente

Ahora viviremos un paso más hacia la apertura del corazón radiante. Te voy a pedir que recuerdes desde tu corazón, pero imagines con la mente.

Imagina que eres como el viento. No como una masa de aire en movimiento, sino como el espacio sintiente y pleno de vida. Eres movimiento puro que pasa a través de cada una de las formas que abarca, rodea e interpenetra. Pasas entre las ramas de los árboles, a través de las grietas de las paredes, pero también te infiltras en los poros de la piel de los cuerpos, te hundes en la tierra y vuelves a flotar entre las húmedas y frescas nubes. Atraviesas las gotas que hacen el océano, siendo uno con ellas. Pasas a través de los átomos y de los colores, eres en los sabores, formas y sonidos, eres movimiento y expresión. Todo uno y todo ello, sin excepción, es sentido por ti, que pasas a través, sin tiempo ni espacio que se oponga a ti.

En tu movimiento no existen límites. La materia no se opone a ti, pues no existe oposición en ti. Todo es atravesado, todo es sentido y experimentado. Eres uno con la experiencia, eres el Ser siendo en relación consigo mismo. Eres el espacio sintiendo todas las interacciones dentro de sí mismo, todas como una, todas a la vez.

Eres el espacio, como un vacío sintiente y danzante, en movimiento dentro de sí mismo. Eres consciencia en estado de relación eterna consigo misma, reconociéndose en el acto de experimentarse, pues aquí no hay olvido ni separación, sino sólo expansión constante en creatividad pura. Eres alegría sin límites, pues todo momento es un eterno juego en donde cada expresión es inmediatamente dada y recibida en sí misma.

Eres vida pura sin fin, sin necesidad, sin más objetivo que la experiencia de este momento, en constante extensión de ti mismo, de tu expresión. Esto eres tú. Cada instante es nuevo y fresco, pues no existe memoria ni previsión. Cada deseo es experiencia presente, pues no existe oposición, ni necesidad de acuerdo, no hay desarrollo, ni tiempo de consecución, ni esfuerzo alguno. Tu deseo es. Eres la voluntad de Dios. Eres el Ser siendo en relación. Eres la creación, la unidad expresándose.

Eres, por tanto, el viento sin forma ni límite, el yo del espacio, acariciando las hojas de los árboles. Y al mismo tiempo, eres en la hoja del árbol que es mecida por el viento. Pues estás en el espacio sintiente dentro de la hoja y fuera de la hoja. Sientes que el viento te rodea, te mueve y pasa a través de ti. Y lo sientes totalmente, sin temor. A la vez sientes que estás acariciando a la hoja que está en ti.

Sientes el fluir de la savia en tu interior, refrescándote, y como una sola experiencia, también sientes a la vez el calor del sol entrando en ti. Y al tiempo, te sientes en el sol, como luz y calor extendiéndote en todas direcciones, emitiendo como un corazón radiante que se da entero. Sientes este darte al mismo tiempo que sientes recibiendo el calor, en la hoja.

No existe posibilidad alguna de sufrimiento o temor. Tu consciencia de invulnerabilidad es tan luminosa que no da lugar a sombra alguna.

El viento es caldeado por el sol, desviado por las ramas y disuelto en la espuma del mar. Todo ello es forma que sirve al sintiente, que eres tú. Sientes que eres el mar en constante vaivén, remolino y corriente, viento, oleaje y ruptura, ruido, música y silencio, gotas, rios y espuma efervescente que fluye por la roca, y que tu sientes, tal como la savia que refresca a la hoja, calentada por el sol y mecida por el viento.

El sentir unido y total eres tú. Pues eres el Ser en relación contigo mismo en todas partes y sin tiempo ni límite. Todo es nuevo ahora. Sin importar las formas que están a tu servicio, tú eres uno con la experiencia. En el estado del conocimiento de ti mismo puedes experimentarte directamente y sin forma, o con forma, a tu servicio. Pues nada existe que no sea para tu expresión.

En realidad, las formas que sirven a tu experiencia en tu estado natural no son ni siquiera imaginables aquí, donde todo tiene significado por medio de la percepción y en base a la separación. Pero he usado imágenes tales como hoja, gota, sol y viento para que pudieras acceder a recordar, desde el corazón, tu relación auténtica, el recuerdo de la experiencia del Ser expresándose a través decualquier forma. Algo que no ha dejado de suceder, pero que ahora sólo sientes como un recuerdo intuitivo, debido a que ahora no lo experimentas igual…. Actualmente experimentas el tiempo. ¿Y cómo es esto posible?

Regresa a ese sentir de constante expresión, expansión y extensión, donde todo es inmediatamente experimentado y, según aparece el movimiento en tu mente, una con todo, es recibido todo en tu corazón totalmente receptivo y abierto.

Ahora imagina que surge en tu conciencia una idea extraña, pero desafiante. Algo tan nuevo, tan desconocido, tan imposible, que ¡parece imposible dejarlo a un lado! Resulta tan interesante… ¡Nada menos que una nueva manera de sentir! ¡Una forma de crear totalmente nueva! Más allá de todo lo conocido, algo tan extraño que ha de ser explorado, aparece en tu mente.

“Sentiré la forma olvidando Quién soy y, sin el constante sustento de la consciencia de que soy uno con todo, sin tal conocimiento de la unidad, mi sentir será nuevo, espectacular y, sobre todo, absolutamente propio, mío, y de nadie más, totalmente especial. Experimentaré una creación especial, única y propia. Viviré la diferenciación no como una forma de expresión de mi Ser, sino totalmente identificado, como un ser diferenciado. Viviré la separación. Inventaré la intensidad de vivir un mundo propio y totalmente mío, olvidando totalmente la unidad, y por tanto mi Ser original, para… ¡Ser otra cosa! ¡Y así seré la forma! La diferencia, la individualidad. Seré lo especial.”

Inmediatamente, la mente da lugar a la nueva experiencia que va más allá de todo lo que es, hacia lo que no es. Aunque en este punto y en este instante, la idea que surge es la separación, la unidad no puede oponerse a esta experiencia, pues en la unidad no hay oposición alguna. Tal experiencia, como tal, da lugar a un sueño que comienza… La mente duerme.

Ahora soy una hoja.

He nacido en un momento del tiempo, al que pertenezco. Soy un fragmento de materia en el espacio que me acota. Debo sobrevivir ante un entorno que puede acabar conmigo. Pues he olvidado mi poder infinito, para poder vivir lo separado.

El viento sopla y sopla. ¡Es muy fuerte este viento! Si sigue moviéndome así, me desprenderá de mi rama y caeré donde esas otras hojas yacen muertas y sin vida. ¡Tengo miedo al viento! No recuerdo que soy uno con el viento para poder vivir lo separado. Ya no puedo disfrutar a la vez de la experiencia de mecer y ser mecido. Ahora todo mi foco está en sobrevivir como la forma que soy, como la hoja que soy. No recuerdo que soy todo, he olvidado la relación sin límite, no recuerdo a mi Ser, he olvidado la unidad y siento miedo.

Tampoco recuerdo que soy en la rama y en el árbol que me sujeta. ¡No puedo sentirlo! Como he olvidado el conocimiento de que soy Vida, creo que el árbol me da la vida y que si el viento me desprende de la rama, moriré. Soy una víctima de un entorno hostil que me amenaza. Bajo tal creencia se determinan todas mis percepciones. Todo ello al servicio de mi experiencia, pues fe es voluntad.

Y sigo siendo la mente. Y todo sigue estando a mi servicio, como el espacio sintiente que soy, aunque ahora crea que sólo soy una hoja.

Miro al sol en lo alto. ¡Tan lejos, tan poderoso, tan luminoso! ¡El sol me da la vida! ¡Sin él me muero! ¡Adoro al sol! Pues no recuerdo que soy uno con el sol y que no puedo recibir sino lo que me doy. Algo externo parece darme la vida, soy dependiente de aquello que adoro. Comienzo a vivir la relación especial.

Pero ¡Ah, peligro! ¡Otra hoja se está interponiendo entre el sol y yo! ¡Me está arrebatando la vida que necesito! ¡Me está atacando! Es una cuestión de supervivencia, necesito defenderme, desearía eliminar a esa hoja. Pues no recuerdo que esa hoja soy yo.

Ha nacido la herida, la vulnerabilidad, el ataque y la defensa, la carencia y la dependencia. Ha surgido en mi mente el programa de la separación, pues he decidido vivir la experiencia de la separación, la percepción.

Anteriormente el sentimiento de invulnerabilidad era constante, pues la consciencia de unidad era permanentemente reconocida como identidad. A nivel totalmente sentido, de forma totalmente natural, en todo momento la experiencia estaba sucediendo en el conocimiento de Quien soy.

Ahora el cambio va más allá de lo conocido, más allá de la consciencia de Ser. ¡Va más allá de lo posible, más allá de todo! ¡Uauh! Nos hemos adentrado en lo incognoscible, lo imposible, hemos inventado el inconsciente, el olvido del Ser. ¡Puede llegar a resultar tan interesante vivir lo imposible! ¡Muy especial!

La nueva idea a ser experimentada, la separación, requiere que la consciencia de unidad sea olvidada. La mente ha de olvidar su fundamento, su objetivo, su sentir esencial, su Ser. La mente, por tanto, se duerme en sí misma, se repliega en si misma al hacer “realidad” la nueva idea de una creación separada. Y se divide, dando lugar a una mente durmiente que se cree separada dentro de la mente eterna.

Mientras duermes, aún sigues siendo Quien eres. No puedes dejar de Ser Quien eres, gracias a Dios.

Jorge Lomar

Extraído del libro de próxima aparición “Corazón Radiante”

Jorge Lomar es escritor, ponente y facilitador de cursos de aplicación de la espiritualidad no dual, el perdón transpersonal y la mentalidad de paz. Presidente de la Asociación Conciencia.

www.asociacionconciencia.org

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